15/03/2010

Tona

Mi tía Tona era de las que usaba carmín en vez de pintalabios. Y se ponía un montón, de color fucsia, por lo grande que tenía la boca y lo que le molaba ir maquillada. También se pintaba los ojos de azul clarito, una de esas costumbres que debió mantener prácticamente hasta el final.

Un día me invitó a tomar Martini y Ferrero Rocher a su casa y me enamoré de su camarera y de unas cuantas cosas que tenía colgadas en las paredes. Después, en Navidad, vino a ver mi piso nuevo y todo le pareció bien, señal que de que estaba haciendo mayor, muy mayor.

Tona era agria, desagradable y protestaba por todo. Se pasaba la vida diciendo que nuestros trabajos no eran de verdad, que teníamos que ser notarios, casarnos con un bon xic (bueno, Six con una bona xica) y tener hijos notarios y bons xiquets. Pero era nuestra tía abuela y quizá la queríamos por todas esas excentricidades que hacían que fuera absolutamente imposible que pasara desapercibida.

Tenía un sentido de la moda y de los colores bastante peculiar y le encantaba ver el tenis en la tele. Era fan de Nadal, claro. Pasaba con nosotros la Navidad y unos días en verano, tomaba un montón de medicamentos por puro consumismo farmacéutico y estaba convencida de que se iba a arruinar por culpa de la crisis. Eso sí, salía regularmente con sus amigas y, como estaba bastante sorda, gritaba un montón, sobre todo a Montse, que hablaba con ella casi a diario.

De pequeña me daba bastante miedo quedarme en su casa, no sé bien por qué. Supongo que por aquel carácter un poco rancio, que se fue dulcificando hacia el final. Iba con ella a ver el belén del Hospital y al Monterrey a tomarnos algo (que serían fantas, dada la época). Nos reíamos mucho con sus cometarios deasfortunados y fuera de toda lógica, como aquella Navidad que le preguntó a Manolo si aún tenía putas. Y no le acusaba de proxeneta, se refería a unas vecinas que había tenido un tiempo antes.

En realidad, me da igual que fuera desagradable y que me riñera por una cosa diferente cada vez que le llamaba. Tampoco me importa que me reprochara que no iba nunca a su casa ni que me echara en cara que esperaba más de mí en esta vida. Tona era así. Eso sí, nunca le perdonaré que no me pasara sus poderes de bruja.


Y así, sin darse ni darnos cuenta, Tona se fue. Un beso, tía.

8 comentarios:

  1. Vaya, siento que os dejara vuestra tía. Parecía una mujer muy de armas tomar por lo que cuentas. Ánimo...

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  2. gracias, Susana
    Era de armas tomar, no lo dudes!

    :-)

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  3. mola mucho la gente así.. muy suya, muy de armas tomar pero.. porque podían serlo..

    un besazo..y ánimo porque nunca es agradable pasar por esto

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  4. gracias a ti también, Maba
    Por cierto, que no se muera nadie más que me repatea bastante el hígado hacer obituarios de personas que conozco
    grrrrrrrrrrrr!

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  5. Un abrazo L hazlo extensivo a la familia. Y haz el favor de enterarte si te ha pasado los poderes así sin que te enteres, que a mi me quitó una verruga de la punta del dedo índice de un día para otro.

    Que grande la anécdota de "les fulanes de Manolo" tanto o más que tantas otras.

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  6. Zankiu, McNuel
    Que yo sepa, no me haré rica quitando verrugas con los ojos, pero verruga que vea, verruga que miraré fijamente, a ver si me han llegado esos poderes.
    "Les fulanes de Manolo" y la cara desencajada de tu sr padre pasarán a la historia.
    Por cierto, esto me recuerda q tenenos un fotosafari funerario pendiente y que mi cámara nueva es la mejor de todas, echa un ojo al Flickr!

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  7. Oh, lo siento mucho. Me consta que no era la primera vez que hablabas aquí de tu tía Tona. Es que el nombre me encanta. Un beso.

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  8. Gracias, Jose
    En efecto, Tona es una de esas personas que ha ido pasando por aquí de vez en cuando, aunque fuera de puntillitas

    Beso!

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